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Nada empieza por donde acaba y sí por donde te acabo de encontrar. Nuestra nueva aventura es por México, así le dicen los del DF a su ciudad, esto me lo deja claro Daniel, que apenas tiene 20 años y tiene más de 200 Oxxos “desvalijados”. Esto quizás os lo cuente más tarde. O no.

Tras una larga caminata por el centro histórico de México, entre sus gentes y jardines, bailes y tradiciones, acabamos en una especie de feria que olía a comida frita. Al final de esta feria un chico con rastas que vende pulseras y pipas en un trapo, pegado a la acera. Parece buena vibra y charlo un rato con él. Probablemente más directo de lo que está acostumbrado pero no creo que fuera el primero que le haya preguntado. Más tarde os diré porque no me falla la intuición.

Vuelvo a casa con “el resto” y decidimos cenar pizza, del restaurante de abajo, y tomar una birras para jugar a las cartas cómo repartimos las camas de la casa de Airbnb. Las chicas deciden bajar a encargar las pizzas y comprar las chelas. En la esquina hay una tienda parecida a un Oxxo pero que se llama de otra forma (tampoco es un Seven Eleven). Allí, es donde aparece Will, que está buscando su hostel y alguien parece que le está increpando. Las chicas se lo suben a casa (viva la hospitalidad latina) y cena y toma algunas cervezas con nosotros. Es de Nueva Zelanda y no habla nada de español aunque dice que lo entiende. Mentira.

A todo esto, cuando el camarero del bar ha subido a traernos las pizzas también he aprovechado para charlar un rato con él. Pero como todo en este día, es mejor dejarlo para mañana.

Will se ha sentido cómodo y capaz el más incómodo era yo. Cuando todos hablan en inglés hace que me pierda parte de la conversación, pero hace que intente estar atento para aprender algo. Decido con Manu bajar a la puerta, a tomar un poco el fresco y fumarnos un cigarro.

Aquí es donde aparece Daniel, un vecino del mismo edificio. Nosotros salimos y él entra. Nos pide que no cerremos la puerta pero no acabamos de fiarnos y la cerramos. Él saca su llave y dice “yo vivo aquí”. Tras disculparnos empezamos a charlar un rato.

Will que también ha bajado para fumar, sube a casa y parece recoger sus cosas. Baja y se marcha. A su vez yo subo para agarrar (ya no se puede decir coger tan a menudo entre tanto argentino) dinero y me despido. Salgo con Daniel a caminar por la ciudad.

Sinceramente conocer México con un chalingo es mucho más tranquilo de lo que esperaba. Me he metido por lugares que no me hubiera metido con ninguno de los que me acompaña, por el único hecho de ser unos desconocidos de los lugares a los que llegamos. No puedo explicar la sensación de acercarte a un grupo de 5 malandrinos que están inhalando disolvente y que te dicen que es lo único que tienen. La oscuridad no es tan oscura cuando te indican en el lugar en el que tienes el mejor spot para mear. Probablemente lo que he visto sea el DF y no el México que dice Dani. Pero pasear por las calles en una noche de sábado te hace ver cosas que no puedes  ver en los museos.

PD: duermo felizmente en el sofá porque he sido el último en irme a dormir.